Por Leandro Marques
Con “Japón”, su ópera prima, el mexicano Carlos Reygadas había despertado la atención de la crítica, ganado varios premios importantes (como el Camera d´Or en el festival de Cannes 2002, entre otros) y al mismo tiempo, se había constituido a sí mismo como un director al que sería interesante seguir observando. Con la recientemente estrenada en Argentina “Stellet Licht” (Luz
Silenciosa), de 2007, es posible afirmar que alcanza su esplendor. Pero ya con “Batalla en el cielo podían empezar a ratificarse las expectativas formadas. Reygadas compone un film íntimo, cuidado, intenso y paciente que si bien no lo lleva aún a alcanzar la talla de los grandes directores de cine, lo coloca sin dudas en un estado de crecimiento y desarrollo artístico que no pareciera estar cerca de detenerse.La historia y los recursos técnicos que utiliza el director para contarla se muestran como dos esferas muchas veces independientes una de la otra. Muchas otras veces, también, se unen para convertirse en una sola cosa. En ninguno de los dos casos, por supuesto, se trata de una cuestión determinada por el azar sino de un rasgo estilístico que surge como consecuencia de una decisión personal que constituye la mirada de Reygadas. Más allá de cualquier juicio de valor que deparen los criterios estéticos utilizados en el film, no puede dejar de destacarse que Reygadas realiza una apuesta de riesgo, toma decisiones en cada plano, en cada secuencia, imprimiéndole a su cinta un sello personal que está fuera de alcance de toda discusión o valorización. Lejos de los clichés, afín a sus deseos particulares para comunicar sus ideas, el realizador mexicano tiene la personalidad y la posibilidad de hacer la película de la manera que mejor se le ocurra.
La cámara es osada, explora los cuerpos de cerca, con detenimiento. Cuerpos bellos, cinematográficos, y principalmente cuerpos enormes, obesos, que Reygadas vuelve cinematográficos. “Batalla en el cielo” es una película que al mismo tiempo que habla de una cosa, sabe que lo que está ocurriendo es otra que, sin embargo, no por eso va a interrumpir aquello de lo que estaba hablando. La cá
“Batalla en el cielo”, en definitiva, es la película que su director imagina que es. Que se trate del reflejo de las complejas ideas del realizador tiene aspectos positivos y negativos. Por supuesto que siempre es preferible estar frente a un artista que sea capaz de crear un lenguaje propio. Pero generar el equilibrio entre ambos puntos es un asunto más complicado, y en este ítem radica el principal déficit del film. Por momentos, la insistencia con algunos recursos estéticos – los largos paneos d
e cámara, los ángulos de algunos planos, algún capricho del guión– parecen forzar más de lo necesario la constitución de determinada atmósfera, lo que lleva a que muchas veces quede la sensación de poca fluidez y armonía entre las imágenes, cuando la intención de Reygadas, se supone, es justamente producir el efecto contrario. Más que un clima específico para determinado momento de la película, se convierte en un mensaje casi explícito del realizador, una especie de “yo tengo una visión particular, no me rindo ante los lugares comunes”. Tal vez la obsesión del realizador por remarcar su sello personal tenga como consecuencia negativa su continua presencia en cada cuadro y su imposibilidad de liberar a la historia, dejar que siga un rumbo más natural y genuino.“Batalla en el cielo” es una película sobre la culpa, el amor, el dolor y la miseria que pueden caben en un mismo ser humano inclusive durante el mismo lapso de tiempo. La trama está construida con delicadeza y sapiencia. Es llevadera y cuenta con giros sorpresivos y no demasiado disparatados que la enriquecen. El actor principal, no profesional, Marcos Hernández, realiza una tarea notable, y está bien acompañado por las actrices Bertha Ruiz y Anapola Mushkadiz. De todos modos, vale recalcar que ellos están rodeados de un soporte visual y estético que acapa





