sábado, 14 de agosto de 2010

El custodio, Rodrigo Moreno, 2005


La invisibilidad de alguien que está presente

Por Leandro Marques



Esta no es la historia del acto heroico de un guardaespaldas. El momento en que el protagonista lleva a cabo un salvataje glorioso, que lo llena de fama y gloria, que lo envuelve de valentía, nunca llega en esta historia. “El custodio”, por el contrario, es la película que cuenta la vida de alguien que vive su propia existencia en un segundo plano, como ubicándose a un costado de donde se desarrollan los hechos. Esta ópera prima de Rodrigo Moreno, protagonizada por un actor brillante como Julio Chávez, se focaliza en alguien que no es. O, para ser más específico, en un ser que para desempeñarse en su trabajo –que lo ocupa casi todo el tiempo de cada día–, necesita volverse invisible. De alguna manera, el recorrido que desarrolla la trama se pregunta hasta qué punto es posible, y tiene sentido, una vida con esas características.


Rubén apenas esboza palabras. Sólo habla cuando le preguntan. En general, es un hombre de miradas. Su mirada es tan distante que confunde: al verlo, no es posible descifrar si está sumergido en sus pensamientos o si simplemente observa la nada, en un vacío que lo acompaña desde afuera hacia dentro. Ruben trabaja como agente de seguridad personal de un importante ministro. Camina siempre unos pasos detrás de él. No interviene en sus conversaciones. Lo acompaña hasta que ingresa a sus reuniones, y se queda de narices mirando las puertas que se cierran delante de él. Ruben es el protagonista de una pelicula que elige hacer lo que pocos en su vida: interesarse por lo que le pasa, intentar descubrir algún gesto, alguna expresión, algo, en definitiva, que pueda servir de vehículo hacia la persona que vive dentro de ese cuerpo estático y silencioso.


Hay un juego interesante entre la cámara y el personaje central. Rubén está presente de una manera peculiar en todas las escenas del film. Se lo puede ver siempre, pero al mismo tiempo es casi como que no está. La cámara lo registra de idéntica forma a la que se vincula con los otros. En la gran mayoría de los planos permanece a un costado de la imagen, o de espaldas, como resistiéndose de alguna manera a aceptar el rol protagónico de un personaje que no tiene nada de protagonista. Extra de la vida de los demás, casi extra también de su propia película.


El film se dedica a recorrer diferentes situaciones en donde el acompañante del ministro debe desenvolverse. En general, son momentos comunes y corrientes, ya sea en un viaje en auto, en el ingreso a algún ministerio, o durante el tiempo libre en una quinta. Moreno tiene la virtud de construir en esos pasajes, aparentemente normales y rutinarios, una atmósfera que deja percibir una tension latente. La presencia de Rubén, tan callada y ausente, al mismo tiempo incomoda, pareciera intranquila e insatisfecha. Al mismo tiempo, su figura puesta ahí, su mirada depositada en los otros, permite configurar una idea sobre qué tipo de personas lo rodean. Por eso, frente a la monotonía y ausencia aparente de conflicto, el realizador va edificando una historia paralela, invisible, pero con la fuerza necesaria para envolver de intriga e incertidumbre a cada escena. “El custodio” es siempre inquietante. Estática por fuera, movediza y furiosa por dentro. La interpretación de Chávez es genial, sobre todo porque logra transmitir sus sensaciones sin obligarse a poner una cara determinada para expresarlas. Es que el rostro de Rubén, si bien no lo denuncia explícitamente, si no todo lo contrario, deja percibir una constante sensación de desprecio.


Si bien el guión se despreocupa por el resto de los personajes, a los que se tiene acceso únicamente a través de la mirada del personaje central, sí trabaja en profundidad en la composición de la personalidad de Rubén. Por ejemplo, se permite detenerse en su talento como dibujante, en su relación con su familia y con sus compañeros de trabajo. La trama se hace tiempo para descubrir esos matices de la forma de ser del custodio, y al mismo tiempo deja margen para que sus comportamientos no se tornen previsibles ni esperados. Como confirmando que toda persona, por más monótona e intrascenente que parezca, esconde todo un mundo que, en cualquier momento, en cualquier situación, puede explotar y salir hacia fuera.


“El custodio” es el film de alguien que debe convivir y cargar el peso de ser lo que le toca, casi sin oponer resistencia. No es una película de héroes que alcanzan la gloria y el reconocimiento y admiración del mundo. Tal vez, ese instante se furia haya sido su momento de gloria personal. Quizás signifique para él una descarga destinada a cambiar algo. O tal vez, indescifrable como su mirada, sólo se trató de otro momento, uno más en su vida, sin importancia alguna.

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