No es casualidad que me haga preguntas hoy. Hoy pienso y escribo porque no puedo ser, no puedo estar. De todos modos, al fin y al cabo todo es juego, y queda algo pendiente que me hace creer que lo que sigue puede ser divertido. Pero eso no es ahora. Ahoro pienso y escribo sobre el amor. Hoy vale todo, me siento autorizado. Así que me dejo hacer preguntas que no tienen respuesta. Me pregunto qué se ama cuando se ama (aparte de, por supuesto, a nosotros mismos en ese estado): ¿se ama a la persona o al vínculo que se construye con ella?
Juguemos.
Puedo decir entonces que conozco tres formas de manifestación del amor. Se puede amar a la persona. Se puede amar a los vínculos que se establecen con la persona. Se puede amar las dos anteriores al mismo tiempo, en la que tal vez sea la figura más acabada del amor.
Se ama a la persona cuando el sentimiento de cariño, ternura y ganas de contención son tan fuertes, tan increíblemente fuertes, que el simple encuentro, o la simple visión del otro, son capaces de producir en el cuerpo de uno tal conmoción que el alma tambalea. El problema surge cuando no pueden encontrarse vías de acceso a la vida real. Cuando se ama solamente a la persona resulta imposible construir lazos concretos que permitan materializar toda esa sensibilidad. Este amor es casi un milagro, porque lo es encontrar en el mundo a alguien que pueda despertar tanta emoción. Pero también puede ser muy frustrante, porque no poder plasmar el amor en experiencia concreta, en hechos que tomen forma de cuerpo, seguro que lo es.
Estos tiempos me encontraron amigo del amor hacia el vínculo con otra persona. Considero a este un amor noble. No hay futuro, no existen las reglas tradicionales de toda relación de pareja; sin embargo, hay un compromiso absoluto por disfrutar con el otro de ciertas actividades, que a simple vista pueden ser ordinarias, pero que con esa persona se tornan deliciosamente imperdibles. Creo que de eso estoy enamorado ahora.
Encontré hermosa, como nunca antes, la posibilidad de "bajar" el estrés y agotamiento de cada día con otro ser, que supongo, experimentaba la misma sensación de placer que yo cada final de jornada que nos encontrba juntos. No era otra cosa que un batido donde se combinaba peli + comida + chocolates + mimos + lecturas (ocasionalmente) + horizontalidad. Por supuesto que esta modalidad del amor no puede realizarse con cualquier persona, porque si no, no se trataría de amor. Sin embargo, no es la persona en si misma (aunque sea en gran parte responsable) la que despierta la atención del corazón. En este caso, el amor se focaliza en aquello que vehiculiza, en el puente que entrelaza a las dos partes. Lo mejor de este tipo de amor es que genera menos involucramiento y compromiso con el otro, en definitiva no se sufre tanto. Se tratan de dos individuos independientes entre sí que, de alguna forma, acuerda un contrato determinado de relación. Tiene bastante de dejar liberado al otro, elegirse cada día es responsabiidad de cada uno, cada día.
La peor parte, como siempre en el amor y en este mundo que nunca acaba de asumir el hecho de que las historias se terminan, es que la relación que cada uno establece con el lazo concreto que lo une al otro puede ser bien diferente, y estar motivada por razones completamente distintas, por lo cual el deterioro y rotura del vínculo se puede aparecer de imprevisto para alguna de las partes. Y el final, para el otro, puede ser bastante doloroso: es fácil dejarse envolver por una actividad que causa mucho placer, es muy complicado tener que deshacerse de ella por causas ajenas a uno.
La tercera modalidad del amor, es la ideal. No se si existe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario