La idea para hoy era combinar responsabilidades con momentos de disfrute.
Temprano a la mañana, iba a encontrarme con mi gran amigo que vino de Barcelona para comer medialunas en un lugar donde las sirven calentitas. Luego de eso me esperaba una fila, que suponia no exageradamente larga, por tickets en el teatro para ver a Bjork. Y después, tocaba volver a casa, preparar el bolso para el gimnasio (si), más otra ropa para reuniones de laburo, cargar la musica en el mp3, y salir otra vez al mundo.
El desayuno fue increíble, por mi amigo y por las medialunas calientes exquisitas, ideales para empezar una jornada de pleno invierno.
La fila en el Gran Rex resultó peor de lo que esperaba. Pero tampoco es que llegaba a la esquina. Eran las 11 cuando llegué, y 11 y media cuando de cara al tosco vendedor me entero que las entradas, que se ponían a la venta desde hoy, ya estaban agotadas. Mucha bronca. Señores, hay que hacer algo para acabar con tanta estafa: no puede ser que la ventanilla se abra a las 10 y una hora más tarde ya no quede ni una de las butacas baratas.
Me fui enojado y sin nada de lo que fui a buscar. A partir de entonces, mi vínculo con la ciudad cambió. Seguramente mi energía ya era otra. Fui a buscar la ropa a casa, pero luego advertí que no tuve en cuenta la toalla para bañarme luego del ejercicio, por lo que chau idea de descarga y entrenamiento.
El subte tuvo una demora eterna de casi 10 minutos que continuó expandiendo el alcance de mi fastidio. Cuatro niños explotaron un globo delante de mi cara. Vislumbré un asiento y cuando me dirigí hacia él, cuando ya era mio, una persona se adelantó y lo ocupó dejándome en un evidente off side que no pude tomarme con buen humor. Encima, se desprendió el hilo de la bolsa donde llevaba las zapatillas deportivas para el gimnasio al que ya no hacía tiempo a ir. Así, una cosa tras otra. Cómo tantas cositas mínimas, acumuladas, pueden afectar tanto a mi estado de ánimo? Soy un estresado.
Transitar por la ciudad, pensaba luego, inevitablemente, siempre te pone por delante escollos de distinto tipo que hay que esquivar o absorber de alguna forma para no hacerse prisionero de ellos. No puede ser que 10 minutos más o menos tengan la habilidad de presentarse como decisivos para mi felicidad y la del planeta. Seguirle el ritmo a la ciudad, entregarse puramente a ella, implica necesariamente convertirse en blanco de una potencial inestabilidad emocional. Ahora, si no entiendo que exponer el cuerpo a la deriva de la ciudad significa hacerse blanco de posibles disgustos, si dejo que eso repercuta tanto en mi humor, no es porque sea una víctima indefensa de los males de mi alrededor: es porque permito que me suceda, es porque me vuelvo un cómplice pasivo de lo que pasa.
Mi calma y equilibrio no pueden depender del éxito de mis pequeñas misiones urbanas de cada día: de que el subte llegue a tiempo, de que pueda conseguir la entrada que buscaba, de que no me afecte la muchedumbre aplastandome en cualquier medio de transporte publico. En la ciudad predominan los imprevistos, y no aprender a convivir con ellos es signo de inmadurez urbana. Esos imprevistos, que están destinados a agotar la paciencia y el buen humor, no van a desaparecer de un soplo: mientras tanto, es necesario asumir que existen.
La estabilidad emocional es una construccion individual. Una isla interior que tiene que inventarse y hacer vivir cada uno en su interior, que sirva de refugio y contención, que se la banque lo suficiente como para no dejarse arrollar por los matices inesperados a los que nuestro cuerpo y alma deben enfrentarse cada dia. En esa isla hay que sostenerse cuando las energias no armonizan y todo, en lugar de fluir, se nos presenta y nos hace pensar que es demasiado dificil.
Creo que mi isla interior, que la tengo, no me está funcionando. El mundo paralelo al real, que es vital que exista, el de los sueños, el de la imaginacion, el que me pone como protagonista de la pelicula que quiero vivir, que me deberia dejar reposar, que me tendria que ayudar a dejar pasar lo que me molesta, atomar distancia de eso porque igual, un rato despues, todo va a estar bien de nuevo. En fin, este mundo, no esta sólido en mi, y eso me hace un ser demasiado vulnerable, demasiado susceptible, demasiado ensimismado por la fuerza del instante. Como resultado, este ser tan desequilibrado emocionalmente que soy.
Como siempre, me siento a mitad de camino...
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