miércoles, 13 de junio de 2007

Insomnio no vinculado con Hamaca Paraguaya

Son casi las 5 de la mañana. Me había dormido como un ángel, mirando una peli, y me desperté porque me dio sed. Hacía calor en mi cuarto. Fui a tomar jugo pero ahora no me puedo dormir.
Antes estaba viendo Hamaca Paraguaya, primer film de ese país dirigido por una mujer, Paz Encina.
La película irradia serenidad y simpleza. Pocos planos, fijos la mayoría de ellos, potencian la riqueza visual del film. Sin dudas es una obra bella de mirar, con un formato narrativo y una estrategia de cámara que conduce al recuerdo de los primeros clásicos del cine, salvo por el blanco y negro. En Hamaca Paraguaya predominan los colores y texturas tenues.
Dos personajes a veces charlan entre sí, sentados sobre una hamaca paraguaya. Bosque como contexto. Calma general. De fondo, brotan los sonidos de una perra quejosa y de la naturaleza en general. Cada elemento del lenguaje, fotografía, efectos sonoros, organización del relato, se conjuga entre sí para construir una atmósfera calma y a la vez envolvente e interpelante. Ante cada secuencia, que es larga y paciente, el espectador puede verse seducido e inducido sutilmente a la reflexión: casi sin querer, sin proponérselo, probablemente se encuentre atravesado por las más diversas reflexiones.
El film se plantea en otros tiempos, la información de cada plano se agota rápido, pero es lo que menos importa. Justamente se trata de trascender la idea de información y de vértigo para dejarse atrapar por la suave caricia de la contemplación.
Los personajes centrales son dos, marido y mujer, casi ancianos. Ellos esperan a su hijo, que fue a la guerra que enfrentó a Paraguay y Bolivia en el año 1930 y pico, por la disputa de unas tierras. El film, entonces, aborda y hace presente una ausencia a través de recuerdos hablados, de pequeñas conversaciones entre los protagonistas, entre ellos o de cada uno consigo mismo pensando en voz alta. Muchas veces surge en la superficie visual el sentimiento de resignación, pero casi siempre ella está presente al menos implícitamente, escondida detrás del optimismo o pesimismo que marido o mujer eligen adoptar como discurso. Como mecanismo de defensa. Como manera de enfrentar lo que les queda de vida, como filosofía tal vez.
La directora elige un registro seco y a la vez cargado de sensibilidad para retratar el dolor y poner el acento en el absurdo de la guerra. Pero sobre todo, el film es una ventana hacia la concepción de un tiempo infinito. De una espera sin fin. Lo bueno de Hamaca paraguaya es que es un film chiquito, no pretencioso, cálido casi siempre. Quizás necesita apelar demasiado a la palabra para comunicar, en lugar de vaciarse para dejarse completar a través de los silencios o de imágenes que hablen por sí mismas...
Estaba pensando en todo esto cuando mi cansancio pudo má. No es momento para volver a encender la tv. Es momento de intentar volverme a dormir. O de dejar hacerme prisionero de esos pensamientos incódomos que suelen aparecer cuando más indefenso estás.

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